Todos nos hemos horrorizado con las historias que inundan los diarios de todo el mundo hablando sobre los casos de pederastia en la Iglesia Católica, a muchos les ha tomado por sorpresa aunque para algunos era como la canción del Héctor Lavoe: el periódico de ayer, noticia pasada. Ahora vemos como el show mediático - los medios son especialistas en armar circos inmediatamente- nos presenta una serie de víctimas que han decidido dar un paso al frente y revelar sus hórridas experiencias de abuso dentro del lugar que les prometía regocijo espiritual y secreto de confesión a sus pecados.
Cada vez salen más y más casos, no sólo de abusos a menores, sino de mujeres que también han pagado con su cuerpo la fe que profesan salen a la luz pública. Ahora conocemos casos de sacerdotes que para poder ascender en su carrera han tenido que dar otro tipo de muestras de entrega a la vida sacerdotal. Y así, un sinfín de hechos delictivos que empañan la fe en una institución que por siglos ha liderado el camino espiritual de millones de seres humanos. Pero hay una enorme cantidad de víctimas que no han podido alzar su voz. ¿Cuántos niños se han suicidado por culpa del trauma de ser abusados? Nadie se pregunta por esos casos. ¿Cuántos menores han apagado su vida por el sentimiento de culpa y la rabia de ver sus vidas y su fe ultrajadas, indefensos ante un aparato legal que defiende al abusador y condena al que lo delata? ¿Cuál es el precio de su silencio y de su muerte? Les aseguro que en muchos seminarios, monasterios, conventos y colegios católicos la deserción escolar se avala con cartas de defunción. Recuerdo que cuando estaba en secundaria el padrecito que nos daba clases de religión, el único que me ha inspirado confianza, acabó con su vida en su seminario al enterarse que un superior, que lo había acosado por años, llegaría a dicho lugar como su jefe nuevamente.
Por otro lado, cuantos cheques de ayuda a "madres solteras" no salen de muchas arquidiócesis mes a mes. ¿Quiénes son los padres de esas criaturas? ¿Qué interés tiene la iglesia en mantener a mujeres que no planifacaron su maternidad? ¿Cuántos niños se ven forzados a desconocer su origen para no causar escándalos en sus comunidades? ¿Esas víctimas quién las cuenta? Y no nos olvidemos de las miles de mujeres que han tenido que practicarse abortos para no desatar la furia de la iglesia, y cuantas no habran muerto en el intento.
Por el momento pidamos por el alma de todas esas víctimas del silencio y la indiferencia, elevemos una plegaria por todos los bastardos que andan por alli sin conocer a sus progenitores; por todos aquellos hombres y mujeres religiosos de corazón que tuvieron que entregar su cuerpo antes de entregar su vida al Señor; por todos aquellos que no pudieon alzar su voz para denunciar y prefirieron entregar su cuerpo, hecho a imagen y semenza de Dios, a las drogas y la prostitución. Recemos por las ánimas de tantos infante abortados o mujeres temeros de que el peso de la "ley de Dios" le cayera encima. Por último guardemos un minuto de silencio por todos aquellos que escogieron la muerte como salida a su vergüenza y a su dolor.








